¿Hay un futuro para la radiofórmula músical?
Cuando hablamos de radiofórmula nos estamos refiriendo a cadenas con una programación centrada en un único tema, en este caso la música.
Mucho se habla del cambio que está viviendo la televisión por la realidad cada vez más evidente del cambio de los hábitos de consumo de los nuevos usuarios, que acceden directamente a los programas que quieren y los ven cuando quieren, en lo que supone una televisión a la carta de facto que nadie ofrece todavía en España.
Sin embargo, la radio está viviendo un momento similar mucho más discreto y desconocido, pero mucho más extendido, relacionado con las descargas de discos y canciones desde Internet, tanto de forma legal como ilegal.
Durante muchos años la radio ha puesto música en nuestra vida, mientras íbamos en el coche, trabajábamos, o simplemente salíamos de paseo. Pero al mismo tiempo, la radio ha dirigido nuestros gustos musicales en función de los intereses de los sellos discográficos. Así pues, con muy pocas excepciones, las discográficas venden los discos que la gente escucha, la música que los usuarios conocen porque la oyen continuamente en la radio y que es proporcionada por estas mismas compañías. El consumo musical se basa en un factor social (nos gusta escuchar la misma música que nuestros amigos, compartirla, comentarla) y en un factor repetitivo (cuanto más oímos una canción más nos gusta, hasta que se produce la saturación). La radio nos facilitaba todo esto y además gratuitamente.
La alternativa a la radiofórmula siempre ha estado ahí. Yo puedo comprar un disco en cualquier sitio y oírlo en mi casa o en el coche. También puedo oír música directamente desde Internet, siempre que tenga un ordenador cerca. Las descargas masivas de Internet se consideraban un consumo individual que en poco afectaba al consumo colectivo, que era el que sustentaba el mercado discográfico. Pero nuevamente tenemos dos factores que alteran a este equilibrio. Por un lado está el desarrollo de Internet en movilidad: Si tengo en el bolsillo un dispositivo con conexión 3G a Internet, también puedo tener en el trabajo o en el coche toda la música que he estado oyendo en el ordenador de mi casa. Ya no necesito estar junto a un cable eléctrico para oír música desde Internet porque Internet está donde yo estoy. Por otra parte las aplicaciones que nos permiten escuchar música legal y gratuitamente (Last.fm o el más reciente Spotify) también nos permiten compartirla: crear listas, distribuirlas por correo o publicarlas en Internet. Las listas colaborativas de Spotify permiten que un grupo de amigos comparta una misma lista alimentada por todos. El factor social queda, de esta forma, resuelto.







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1 comentario
1. eduardo, hace 1 año y 3 meses
En mi opinión el futuro de la música pasa por una reducción considerable de los precios por parte de las discográficas, a menos que prefieran que los propios músicos empiecen a vender su propia música por sus propios medios.